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La
contribución de las ONG |
(Artículo publicado en el diario "La Nación" de Argentina,
como Editorial del Sábado 8 de Enero del 2005)
La contribución de las ONG. Su creciente
protagonismo vuelve imprescindible que el país cuente con
un adecuado marco legal y fiscal que promueva el
crecimiento de este sector fundamental en la recuperación
del país
En innumerables ocasiones, se ha destacado el invalorable
trabajo realizado por las organizaciones no
gubernamentales de la Argentina. Este extraordinario
movimiento solidario que comenzó a cobrar más fuerza a
medida que el país se iba sumiendo en una profunda crisis
-con un 60 por ciento de la población por debajo de la
línea de pobreza y la clase media casi destruida- ha
asombrado a muchos especialistas en economía, porque
recorre por igual todos los estratos sociales y todas las
edades.
Una encuesta de Gallup demostró que el número de personas
que realizan trabajos voluntarios en la Argentina ha ido
aumentando rápidamente: pasó del 20% de la población en
1997 al 26% en 2000, al 32% en 2001 y sigue en ascenso.
Otro dato igualmente representativo es que las principales
organizaciones de bien público han duplicado su
voluntariado en los últimos cinco años. Y esto sin contar
a todos aquellos conciudadanos que están ayudando a otros
argentinos fuera de cualquier marco organizacional, en una
relación directa, cara a cara y día tras día con ellos,
como por ejemplo en comedores populares, clubes barriales
o pequeñas y espontáneas reuniones de vecinos, amigos,
iglesias, colegios y universidades.
A lo anterior se agrega ahora el resultado del estudio
impulsado por la
Red
Interamericana para la Democracia
(RID), el
Grupo de Análisis y Desarrollo
Institucional y Social (GADIS)
y la
Asociación Conciencia
-que construyó el
Índice de Participación Ciudadana (IPC) en siete países de
América latina-, según el cual casi cuatro millones de
personas participan de alguna forma en organizaciones de
la red civil, es decir, el 11 por ciento de los
argentinos. El hecho es incontrastable y bienvenido. Según
proyecciones autorizadas, en el año 2015, el sector social
movilizará en el mundo más de diez billones de dólares. En
nuestro país, aunque no hay estadísticas precisas, es
probable que el fenómeno sea proporcionalmente igual de
importante.
Como lo ha expresado más de una vez un reconocido experto
en la materia, el doctor Bernardo Kliksberg, la Argentina
es una sociedad civil pobre en recursos, pero con un
capital social de muy importantes potencialidades, que
puede ser un apoyo formidable a la hora de diseñar las
políticas públicas encargadas de dar solución a las agudas
carencias de la mayoría de los argentinos. Porque, como
también señala Kliksberg, "la combinación entre políticas
económicas y sociales renovadas y un capital social
movilizado puede abrir círculos virtuosos de crecimiento,
desarrollo y equidad social".
El hecho de que en su momento el Banco Mundial y el BID
encomendaran al Foro del Sector Social -un consorcio
formado ad hoc por decenas de ONG- el seguimiento y la
evaluación de diez programas de asistencia social
financiados mediante créditos otorgados por esas
entidades, constituye un ejemplo significativo de la
contribución que este sector puede hacer en el diseño, la
gestión, el monitoreo y la evaluación de las políticas y
los programas públicos. Su creciente protagonismo vuelve
imprescindible, entonces, que la Argentina cuente con un
adecuado marco legal y fiscal que promueva el crecimiento
de este sector fundamental en la recuperación del país.
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